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domingo, 30 de julio de 2017

Los Rebeldes


En una noche silente y bochornosa, de una ciudad que se derrumba y con tanto miedo que sus perros ya no ladran y hasta la luz se queda encerrada.

Mientras los muchos tiemblan, temerosos de la oscuridad que se sigue regando; los rebeldes salen, miran juntos hacia el cielo y juegan a redescubrir las luces de arriba olvidadas.

Las miles de pantallas escupen versiones editadas de realidades que aspiran a ser aceptadas, los rebeldes se deleitan en tocarse las heridas, cara a cara,  mano en mano y beso en labio.

Aquellos deciden dañarse con lealtades falsas, entrando en alcobas equivocadas, los rebeldes deciden, sí, otra vez,  volver a preferir sus pieles.

Son bastantes los orgullosos que luchan por congelarse solos, los rebeldes se abrazan con el calor de sus aromas diferentes.

El aire se intoxica de odiosas palabras y cantos egoístas, los rebeldes escuchan sus suspiros como música mágica.

Mientras todos prefieren cegarse para no llorar más, los rebeldes descubren auroras en sus miradas.

Cuando se oyen los destellos que provocan sangre, los rebeldes se divierten con sus risas provocadas.

Las multitudes pagan por combatir su soledad con peroratas interminables, los rebeldes disfrutan de su silencio acariciable

Se alza una multitud de voces furibundas que exigen taparse con una grande y pesada apatía,  y los rebeldes sueñan…


Todo el mundo se odia,
y los rebeldes se aman.

lunes, 26 de junio de 2017

Besos bajo la lluvia

¿Y si la lluvia fuera tinta?
Tinta de esa que sirve para
contar historias; historias con
finales ambiguos, romances 
negados y atmósferas tan
reales, casi tangibles.

¿Y si la tierra fuera el papel?
Esa hoja de papel virgen, que 
ansiosa espera el contacto cálido
y refrescante de la tinta amada y
negra, sedienta de ser útil.

Si al agua no le dijéramos
por qué calles no puede ir.
Si pensáramos que la noche
no es el final. Si las nubes se
dejaran abrazar. Si amáramos
en vez de hablar.

Si bajo la lluvia ciegos nos 
buscáramos con caricias, oliendo
nuestros húmedos latidos, 
buscándonos como la noche a
la mar.

Y entre tanto derroche de gentío
nuestros labios se encontraran,
como un milagro de esos que ya
casi no sabemos provocar.

Si la lluvia entre nuestros
labios no pudiera pasar y tú
desde arriba complaciente
por ese instante nos dejaras
de mirar.

Sólo si la lluvia fuera tinta,
las gotas palabras, tus suspiros
mi descanso y tu romance mi paz.

viernes, 4 de noviembre de 2016

La Predicadora

Tengo una esposa novia amiga prima tía sobrina hermana que es predicadora. O al menos eso dice ella, pero creo que no sabe bien qué es lo que realmente hace o quién en verdad es.

Tiene una voz única; femenina y agradable pero imponente. Y yo sé que su voz es irrepetible pues logra cosas imposibles. Su voz es mágica, tiene la formidable capacidad de transformar las letras en pétalos, las tildes en gotas de rocío y los signos de puntuación en tallos delgados y firmes. Ella habla flores. Al principio va soltando sólo pétalos, que como son más ligeros, flotan por el aire perfumando el ambiente; y es que… no puede estar quieta, tiene que moverse por todo el espacio que tenga disponible. Jamás te aburrirías de escucharla, ni de verla como se asegura de perfumar cada rincón de la plataforma, altar, escenario, etc. Es como un aspersor bailante, como un rehilete de aromas, un divertido trompo parlante que riega pétalos de flores por todas partes.

Una vez que ha impregnado el lugar con la esencia sutil de sus pétalos, comienzan a escapar las flores de su boca, salen girando por el aire; por allá una rosa contenta con su corola redonda de formas irregulares, por acá un elegante jazmín que estira sus blancos pétalos como un vestido vaporoso, cerca de ella caen divertidas jóvenes bugambilias adolescentes que ríen a sus pies. Sus oyentes se emocionan tanto que al final no pueden evitar acercarse lo más que pueden hacia ella estirando las manos como si quisieran atrapar alguna. Aunque algunos las agarran conforme van brotando de sus labios, éstos son los más atentos, los más listos.

Su sonrisa es su mejor apoyo visual. Esas dos hileras  de piedrecitas blancas escondidas por sus labios fértiles y lozanos son sus mejores asistentes.

Creo firmemente que en su interior, por su corazón, hay un río joven y rápido, inquieto como ella. De sus corrientes frescas se alimentan las semillas que germinan en su corazón y que se convertirán en las flores que habla y predica. Es más, incluso ha habido veces en las que riega a las flores que ya han salido de ella con una fina lluvia que sale de sus ojos redondos y purpúreos.

Ella predica, habla, grita, se mueve, baila, canta, enseña, exhorta, inspira. Hay veces que le toca sembrar todas esa bellas flores en las personas que las atrapan y adoptan, puedes ver su cara de felicidad y paz al saber que se llevarán una o un ramillete de flores para adornar su vida; en otras ocasiones ella se dedica sólo a regar las flores que se ven medio marchitas de tan dormidas que están en las mentes de las personas, se emocionan y entre lágrimas le hacen promesas a sus flores antes marchitas de regarlas y cuidarlas todos los días y no olvidarlas jamás. Ya sea que siembre o riegue (ella sabe que es un trabajo colaborativo) su río siempre debe ser un caudal rebosante.

Recuerdo que la primera vez que vi el milagro de su voz convertirse en vida (hermosa vida floral) me acerqué aún emocionado a contarle lo que había visto, al terminar ella sólo se río simpática. Me di cuenta de que no me creyó.  Así que le pregunté a otra persona que estaba cerca y le dije “¿Verdad que cuando habla sus palabras se transforman en flores que perfuman todo el lugar?” y ella dijo riéndose “Claro que sí!” y la volteé a ver con una mirada de “¿Lo ves? No estoy loco” sólo para descubrir que la misma sonrisa simpática pero incrédula no se había ido de su rostro ¿Será que realmente ella no se dé cuenta de su don milagroso?


Yo la llamo (en secreto, pues no estoy dispuesto a que vuelva a no creerme) florista milagrosa, demiurga botánica, jardinera celestial… aunque ella se llame a sí misma, simplemente la predicadora.

lunes, 24 de octubre de 2016

Botánica





Su belleza era proporcional
a su tristeza.
Y estaba muy, muy triste.

A simple vista parecían gotas
inocentes de rocío, pero las que
resbalaban desde sus pétalos
hasta sus hojas eran ácidas lágrimas
de dolor.

Aun así, el tiempo pasará y los fríos
labios del viento secarán su cuerpo
y su tallo con fríos besos de otoño.

Y aunque el invierno nos invada
con sus fieras garras de hielo y nieve
callando a los pájaros
y derribando los sueños,
ella no fenecerá,
su belleza triste la salvará.

Porque llegará el verano
son su paso húmedo y risueño
y desde sus semillas se oirá más
y más clara la canción hecha
de colores.

Que pintará de alegría su tristeza,
de sueños sus pétalos
y de risas sus hojas.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Una flor que no existe (aún)

Creadora de sonrisas han de llamarte;
dadora de ilusiones, ninfa de la lluvia,
bailarina del aire, han de llamarte.

Tú que abrazas la risa, la luz, el color y la elegancia con tanta fuerza
que habitan dentro de ti.

Tú que adornas tu cabeza con sabiduría, que vistes tu
silueta con amor púrpura.

Tú cuyo nombre tiene forma de flor,
una flor que no existe
pero cuyo aroma refresca mis tardes calurosas cargadas de spleen
una flor que no existe
pero cuando exista será única como tu nombre encantador.

Susurro tu nombre al cielo
y las nubes ríen hasta lloverse.
Le digo tu nombre a los verdes capullos y las hojas secas
y divertidos florecen y reverdecen.
Le muestro tus iniciales a la noche 
y las estrellas giran y las escriben 
con luz como tinta y éter como papel.

Cada vez que pronuncio las letras de tu nombre
las olas del viento retozan con ellas
y bailan en parejas, consonante con vocal,
con vaivenes, como botes sobre el mar.

La más bonita, la más elegante,
la que ríe como río de cristal,
la que huele a brisa matinal,
la más linda, la más alegre,
la más divina, la más celestial...
tus nombres provisorios serán

Hasta que un valiente, sabio y atrevido
pero sobretodo muy bendecido enamorado
se enamore de ti lo suficiente para crear
las bellas flores que repetirán tu nombre
por todos los jardines de esta parca ciudad.

Hasta entonces...

Creadora de sonrisas habrán de llamarte,
dadora de ilusiones, ninfa de la lluvia,
bailarina del aire y princesa de mis sueños
habré de llamarte.

sábado, 16 de julio de 2016

La balada de Al Yaban

Ven amiga mía. Tú que buscas también escapar
de la prisión en la que te quieren encerrar.
Tú que entiendes que de este mundo aún queda más
tú que quieres aprender a reír, a creer, a soñar.

Toma mi mano y vayamos juntos al país de Al Yaban.
Al filo del mundo, a la última frontera,
a dónde no existe nada más allá.

Dejaremos que las estrellas nos susurren el camino,
que árboles verdes nos indiquen el destino.
Iremos más allá de lo que hemos visto y oído
mientras bailamos sobre ondulantes remolinos.

Lleguemos hasta esa patria, lejana como ninguna
y en el camino conozcamos la espalda de la luna,
robemos todas sus misteriosas verdades ocultas
atravesando el velo sedoso de la noche oscura               

Toma mi mano y vayamos juntos al país de Al Yaban,
el último puerto que conoce nuestro mar,
lo que hay más allá lo tenemos que soñar.

Cuando salida de oscuros nubarrones, la lluvia nos haga frente
y nos lance sus millares de cuchillos hirientes
tomados de la mano seguiremos yendo al frente
tú detrás de mí impulsándome por siempre.

Por los peligros que encontremos no te debes asustar,
llevó mi cimitarra conmigo y estoy listo para luchar
contra serpientes o escorpiones, leones y más,
y ahuyentar a los demonios que tu sueño quieran turbar.

Toma mi mano y vayamos juntos al país de Al Yaban.
donde las islas se alejan del borde final
y el tiempo y el espacio no existen más.

Y aunque el mar se descomponga y se agite por doquier
o la arena se derrita y todo el desierto comience a arder
nos mantendremos juntos y todo estará bien
pues veré tu mano oculta en la mía y no podré temer.

Al borde del mundo por los hombres conocido
al lugar que todos temen, el borde infinito del vacío.
Donde la tierra detiene temerosa su camino
y el inmenso mar se vacía y cae enfurecido.

Toma mi mano y vayamos juntos al país de Al Yaban.
el lugar que el sol escoge para despertar
y el único donde el mítico dragón blanco está.

Tú serás mi reina y yo seré tu esclavo.
Domaremos juntos al gran dragón alado.
viajaremos hasta donde nadie jamás ha llegado
Y por un millón de auroras viviré de ti enamorado.

Naveguemos sobre aguas extrañas,
Atravesemos desiertos, montañas y playas.

Que nos quemen otros soles.
Que nos envuelvan otras noches.

Que tu aroma en todos los países me persiga.
Que la esperanza que llevas en los ojos me de vida.

Que nuestras sonrisas alejen cualquier temor.
Que nuestros corazones el uno al otro se den calor.


Ven toma mi mano y vayamos juntos al país de Al Yaban
donde siempre juntos podremos estar.

lunes, 2 de mayo de 2016

Mi primera traducción (Qué pasa si te enamoras de una escritora?)

Qué ocurre si te enamoras de una escritora?
Podrían ocurrir muchas cosas. Eso es lo que pasa con las escritoras. Son impredecibles. Podrían llevarte el desayuno a la cama, o podrían ignorarte por varios días. Podrían llevarte el desayuno a las tres de la mañana. O podrían despertarte para tener sexo a las tres de la mañana. O hacer el amor a las cuatro de la tarde. Podrían pasarse toda la noche sin dormir. O podrían quedarse dormidas a pesar de la alarma y olvidarse de despertarte para ir al trabajo. O podrían llamarte desde su trabajo para que vayas y mates una araña. O dejar de hablarte cuando descubren que no has visto “Matar un ruiseñor”. O gastarse todo su dinero en cinco tipos de jabones diferentes. O vender tus libros de texto a la mitad  del semestre para juntar algo de dinero. O dejarte notas románticas en post-its dentro de tus bolsillos. O lavar tus pantalones con los post-its dentro de tus bolsillos de manera que tu lavadora quede cubierta de bolitas de papel mojado. Ellas podrían llorar si se dan cuenta de que no leíste las notas en los post-its que te dejaron en los bolsillos de tus pantalones. Es una vida llena de incertidumbre y totalmente impredecible.


Pero qué pasa si una escritora se enamora de ti?
Es un poco más predecible. Encontrarás tu collar de cáñamo con el dije del hongo de cristal sobre el cuello de alguien más en una parada de autobús en un cuento. Tus zapatos favoritos desaparecerán misteriosamente, y aparecerán en un poema. El reloj que siempre te pones, el reloj que tienes pero nunca te pones, el hecho de que nunca hayas usado reloj: todo eso de repente pertenece a personajes que nunca has conocido. Y aun así ellos son tú. Ellos no son tú; son alguien completamente diferente, pero se acomodan el cabello como tú. Usan las mismas frases que tú. Se rascan la nariz cuando mienten, como tú. En ocasiones serán narradores, a veces protagonistas, otras villanos. A veces serán personas sin importancia, estáticas, nadie. Esto podría parecerte divertido al principio. O confundirte. Podrías sentirte desconcertado veas los libros como si fueran espejos. Podrías tratar de verte a ti mismo como tu amada escritora te ve cuando leas un poema sobre alguien que tiene tu  mismo segundo nombre o una narración sobre alguien que nunca ha visto “Matar a un ruiseñor”. Estos poemas, novelas y cuentos se dispersarán en el viento. Y te preguntarás si no andarás por ahí vagando en las páginas de alguna historia que ni siquiera has leído. No hay forma de saberlo. Y no hay forma de cambiarlo. Aun si te vas, una parte de ti siempre quedará ahí.
Si una escritora se enamora de ti, nunca morirás.   

Traducido del original escrito por Mik Everett aquí: 

viernes, 22 de abril de 2016

Un vestido

Un vestido. Un vestido de colores danzantes, de tonalidades alegres y brillantes que dormido, colgado en su ropero, sueña.
Sueña con un día soleado en el que el sol decidió mandar más luz que calor. Sueña con un pasto que se alinea porque quiere parecer alfombra. Con unas palmeras que mueven sus hojas para arrullarse solas. Unos arbustos que se asoman curiosos hasta el borde de la acera. Una banqueta lisa y barrida. La comitiva toda junta, alegre y expectante.
El vestido sabe que son sus colores vibrantes, su tela delicada y suave y su corte justo y elegante lo que todos esperan en ese jardín distante.
El vestido desfila bajo la sombra de los árboles. Avanza rozando sus pliegues y el rumor que produce se oye más lindo que el de las hojas de las palmeras. El vestido avanza, vaporoso, triunfante. El sol desde lejos le mira, se enamora y le obsequia sus rayos más brillantes. Los rayos llegan y se desmayan incrédulos ante él y caen deslizándose sobre sus colores.
Las flores al verlo pasar toman nota de cómo ser rosas, cómo ser blancas, cómo ser rojas; y el riachuelo mira y aprender cómo se debe ser azul.
Y el vestido sueña que el mundo entero le contempla. El vestido se descubre poderoso, hacedor de sonrisas, creador de ilusiones. Sueña que antes de él no había nada bello y que con él se inaugura la era de los sueños. Suena que se llena de miradas, se inunda de suspiros y se pierde en un mar de elogios todos ellos verdaderos y bien merecidos.

El vestido sueña ingenuo que es todo eso. Y frente a él, de delgados y largos cabellos danzantes, ojos alegres y brillantes y una media sonrisa elegante su dueña le contempla. Con la mano derecha abierta sobre el borde del ropero, justo al lado de su rostro. Es tan bella que sin ella el vestido se afea, pero es tan buena que le contempla, sonríe y le deja seguir soñando sin ella.

jueves, 21 de abril de 2016

Sin título en la azotea

Una azotea más alta que las demás (pero no la más alta). Un viento limpio y un clima fresco que acaricia y le saca sonrisas a mi piel. Unos árboles de verdes variados pero intensos que se bambolean con sueño a izquierda y derecha. Unas calles que descansan un poco de tantas llantas sobre ellas. Unos arreboles inexpertos y pequeños que se dicen uno al otro la mejor manera de ser rojos en un cielo azul. Unas flores coquetas que ni a esta hora quieren dejar de ser bellas. Unos pájaros serenos que aprietan sus cabezas contra sus pechos sobre los techos inalcanzables. Una joven bandera patriota que me saluda de frente una solemnidad suficientemente alegre. Unas nubes grisáceas con pereza de moverse tan siquiera un poco. Una paz expresada en media sonrisa sobre la cara de un joven escritor. Una alegría esperanzada de que las cosas serán mejores porque justo cuando escribe, furtivo sobre la azotea, una gota traviesa cae sobre sus letras. Una, y luego otra, cae también su hermana, su prima y toda su lluviosa familia. Comienza la lluvia y la sonrisa se acompleta.

Poza Rica, Ver a 20 de Abril de 2016

domingo, 10 de mayo de 2015

M. Única

Me miraste y te miré. Y en tus negrísimos ojos vislumbré el universo. Me  sonreíste e hipnotizado por tu encanto milenial no tuve más remedio que acariciar la sedosidad de tus oscuros cabellos hasta llegar a tu mejilla perfecta.  La única amigamantesposa de belleza espectalucaradiantetérea. Mi sol; no mi estrella pues estrellas hay billones; eres mi sol por ser la estrella única que ilumina mi vida. Mi Única.

Dormimos. Confiabas en mí y en mi capacidad de domesticar la ciencia para salvarte. Solo que el tiempo era nuestro enemigo y te convencí de lidiarlo. Juntos, durmiendo. Cuando despertáramos estaríamos un paso delante de él y venceríamos, la ciencia aprendería muchas cosas y con ella podría salvarte. Dormimos.

Yo soñé con el concierto de armonía y simetría que es tu rostro. Tú rostro era el rostro más simétrico que conozco. El trazo perfecto de los arcos de tus cejas elegantes que se alzaban cuando reías, tu nariz como centro de tu belleza pura con la que disfrutabas los días de lluvia, los óvalos que contenían la hermosura concéntrica de tu mirada que se cerraba cuando te apretaba contra mí, las delicadas curvas que eran tus labios de rosa que embriagaban más que el vino. La suavidad que te envolvía toda y a la que mis manos se hicieron adictas. Conocí la belleza cuando te conocí. Tu rostro era el rostro más simétrico que conozco.

Era.

Me despertaron en un mundo ajeno y distante. Entre húmedos humores y nuevos y desconocidos dolores retomé mi conciencia usada hace casi un siglo atrás. Mi mente se reactivó y les expliqué por qué dormimos. Me hicieron preguntas, me examinaron, ignoraron mi desesperación. Cuándo terminaron de estudiarme y estuvieron listos para escucharme lo hicieron y me mostraron la razón por la cual desperté con un frío que nunca había sentido y con una tenue oscuridad en mi mirada. Me llevaron al lugar donde dormimos. Donde desperté. A mi lado tu cama no estaba. Sólo un inmisericorde vacío y un ominoso caos que me poseyó destrozando mi razón. Lágrimas, rabia, gritos y desesperanza, soledad y vacío, un desgarrador y violento vacío. Me sedaron.

Soñé que te vestías de universo, usabas galaxias como pendientes y bailabas ordenando el cosmos. Soñé que te vestías de luz y cuando reías dabas vida a todas las flores. Soñé que te vestías de mar y de ti bebían todos mis anhelos. Soñaba con los tiempos inmejorables cuando el universo no comenzaba a morir porque aún estabas en él. Soñaba con tu simetría armónica que producía una felicidad única en el mundo: la mía. 

Me despertaron en una sala blanca. Estaba ceñido con prendas de costuras imposibles. No me dejaron hablar. Me comenzaron a explicar el cataclismo absurdo y abominable que te transformó en vació. Me dijeron que ciertamente la ciencia aprendió pero cuanto más aprendió fue más difícil domesticarla y escapó de nuestro control. Ahora ya la habíamos domesticado pero el precio aún no terminábamos de pagarlo. El único consuelo que sería posible, me dijeron, era recrearte. Ciertamente la domesticaron y ahora era como un hada benefactora que trata de reivindicarse y devolvernos lo que perdimos. Pero ni ese consuelo era posible me dijeron. Aún la ciencia tiene limitantes y necesitaban una pizca material de tu identidad. Algo de ti. Con ese ínfimo bloque de tu corporeidad bastaría para recrearte y devolverle a este universo la luz que perdió. Pero donde estaba tu cama hay sólo vacío y desorden. El caos se llevó todo de ti. Sin ello el consuelo no es posible. Lloré. Lloré hasta dormir.

Soñé con tu voz mirífica. Con tus carcajadas vitalizantes. Con tus palabras gráciles. Te veía en todas partes, en la casa, en el cielo, en la playa, en la cama. Me miraste, te miré, me sonreíste, te acaricié y lo recordé.

Desperté. Les dije que me llevaran hasta donde dormía, que buscaran bien. Lo encontraron. Te encontraron en forma de vestigio capilar, tu esencia misma concentrada en una finísima hebra de negrura sedosa e infinita, belleza oscura que zarpó de tu cuerpo y se asió a mi mano para sobrevivir al futuro. La esperanza de felicidad en un cabello. Lloré. Lloré hasta reír.

Me dijeron que conseguirían todo lo necesario. Me asombré al comprobar que realmente la habíamos domesticado. ¿Qué traerían para devolverte? Luz de luna, marfil y oro para tu sonrisa. Elegante petricor para tu aroma. Delicados pastos para la tersura de tu piel. Me dijeron que a partir de mañana ya no sólo te soñaría sino que te vería. No creo poder soñar esta vez.

Mi emoción es más grande que el sueño. Mañana podré verte, olerte, sentirte, acariciarte. Mis oídos se alegrarán al escucharte. ¿Qué me dirás? ¿Me compartirás lo que soñaste? No. Dijeron que aprendieron que la conciencia no se puede separar de quien la posee. Que la separación de su dueño la aniquila y que este aprendizaje había alejado aún más de nosotros el sueño constante de la inmortalidad. Pero, entonces…

Te podría enseñar, te podría compartir cada recuerdo que fue tuyo y fue mío… pero eso no te haría vivirlo. Podría vivirlo de nuevo contigo, pero si lo vivimos de nuevo eso quiere decir que no vivimos juntos el momento original, sería otro. Y entonces todos nuestros recuerdos serían dobles, en el pasado y en el futuro.Y los momentos que viví contigo ya no serían únicos pues los replicaré con ella… y si los vivo con ella tú ya no...no serás única. No…¡No!

Me escabullo en la sala que en pocas horas será toda blanca. De manera casi milagrosa, accedo al último vestigio de tu unicidad. La intercambio por uno de mis miles de cabellos comunes.

Ellos me despiertan. Veo en sus rostros la terrible noticia que ninguno de ellos me quiere decir. Uno al fin se anima y me dice lo que quiero que me diga. Que no eres tú, que soy yo, otra vez yo. Que no saben qué pasó. Que debieron asegurarse bien antes de ilusionarme. Que lo sienten mucho. 

Me pongo la máscara de desconcierto, enmudezco y les niego mi mirada. Cierro mi puño, lo cierro y aprieto con todas mis fuerzas tu negrura oculta en mi mano, la aprieto hasta sacarme una lágrima. Una lágrima que me dará fuerza para aguantar el dolor, el vacío, la oscuridad, la nostalgia, la añoranza, el infinito sin ti. Un dolor de ausencia que valdrá la más grandes de las penas pues con él honraré tu existencia al mantenerla única. Prefiero abrazar este dolor a despojarte de tu unicidad. Pues no puede haber, no hay ni habrá jamás otra como tú. Y al sentir la luz de nuestra estrella única entrar en la habitación, celebro que así serás por siempre en el universo como en mi corazón: única. Mi única.

martes, 14 de octubre de 2014

Verde

Está parada viendo su celular. Cabello suelto, silueta esbelta y dedicada. Me detengo frente a ella y le digo "vamos!"con una sonrisa y seguridad irrechazable. Ella pregunta "a donde?" y yo viendo el sudor de su frente le digo "por un helado" Increíblemente ella se sube. Me presento, ella también, se llama María, Matilde o Minerva; se le ve la M en las pupilas. Charlamos con refrescantes helados de yogurth sentados sobre unos simpáticos columpios chirriantes. Se pone el sol sin siquiera terminar de conocernos. Una gran historia para nuestros hijos. Lástima que el semáforo se puso en verde.

sábado, 4 de octubre de 2014

El triunfo de la mironcita

Tal vez algún día la ciencia sea capaz de confirmar aquello que todos sabemos pero no podemos comprobar aún: el poder de las miradas. Todos en algún momento hemos “sentido” una mirada acuciante penetrar nuestra nuca. Pero eso es imposible, las miradas no se “sienten”, irónicamente las miradas sólo se pueden mirar, las miradas no se pueden oler, saborear o escuchar, el único método real para descubrir una mirada es a través de otra mirada.
Fíjate que no te conté lo que me pasó el otro día.
Me invitaron a dar una conferencia en una escuela. Lejos, como a seis horas de aquí. Citaron a un grupo de empresarios de todo el estado a las nueve de la mañana. Me imagino que ellos como yo tenían sueño. Aún no lográbamos desperezarnos del todo y rogábamos en silencio por café.
Eran las nueve y el evento aún no comenzaba, como suele suceder en estos eventos. Todo mundo estaba de pie haciendo barullo. Sí, había gente joven, no te voy a decir que no; sin embargo, no había muchas mujeres y las que había poseían una belleza que sinceramente ha quedado en el olvido. Tú sabes que no me fijo mucho en eso pero como todo en la vida, cuando hay belleza presente el ambiente cambia, es  diferente. Cuando la belleza está presente todo es siempre mejor.
Y así, mientras mis ojos surcaban un mar de conversaciones improvisadas, de apretones de mano e intercambios de tarjetas la encontré; la vi viéndome.
No muy alta, zapatillas, jeans, una elegante pero juvenil blusa color melón o salmón y unos simpáticos arreboles que le daban a sus mejillas un viso encantador. Pero lo más destacado eran esos bellos ojos negros inmersos en mares ovales de blancura contundente, enmarcados por unos coquetos lentes de armazón blanco. Esos eran los ojos que había encontrado mirándome. No era una mirada ordinaria, que me topé por coincidencia, pues pude atisbar en cada uno de esos ojos tiernos el tenue destello que sólo la admiración puede provocar. Tal vez haya sido el saco, sabes? Llevaba el azul, ese con el cuello raro que a ti también te gusta mucho.
En ese momento llegó el café y afortunadamente yo estaba cerca de la mesa y fui de los primeros en recibir su ración de despertante. Agradecí al cielo por el café veracruzano y la belleza única que acababan de hacer acto de presencia en la sala.
Al fin inició el evento. El acento extranjero del primer exponente fue un obstáculo para el cual, en muchos casos, el café no fue suficiente para superarlo. Cuando terminó su ponencia fue listo y nos dio un break. Oportunidad que aprovechamos todos para recargar nuestra dosis de cafeína y lograr así mantener nuestros ojos abiertos y bocas cerradas por un par de horas más.
Cuando salí de mi lugar y miré hacia atrás mis ojos vislumbraron de inmediato aquellos delicados ojos que pertenecían a la destacada señorita que de nuevo me miraba furtivamente.
Por fin el turno fue mío. Yo, a diferencia de los otros ponentes utilicé videos con monitos. Fue un éxito! Los monitos nunca fallan. He de decir que cuando estaba al frente y recibía multitud de miradas dirigidas hacia mí jamás vi los ojos más distinguidos de todo el lugar. Supongo que eso me ayudo a concentrarme y hacer de mi disertación todo un éxito.  Después de los aplausos salí del salón hacia el baño. Cuando regresé y entraba al salón su mirada me interceptó, audaz, rauda y determinante. Fue menos de un segundo pero es que tanto encanto no requiere mucho tiempo para lograr un impacto. Ese tercer vistazo confirmó que todas las miradas anteriores fueron más que intencionales. Fue cuando decidí nombrarla la mironcita (casi mi mironcita).
Llegó la hora de comer. Nos dirigimos al área de comida de la escuela  pero, sin percatarme, mis ojos, en vez de observar cuál era la fila más corta o los menús más apetitosos, escaneaban el lugar buscando al par de ojos más brillantes de todos. Fue en vano, jamás los encontré.
Mientras comía estaba pensando jugarle una broma a la mironcita. Me acercaría sin que me viera llegar, le haría plática, la haría sonreír, le diría algún cumplido, haría que el rojo de sus mejillas se encendiera más, la pondría nerviosa. Sí! Todas esas miradas  me conferían una ventaja muy abultada, tenía todo a mi favor y no dudaría en usarlo a mi conveniencia.
Al fin la encontré en el área de stands. La vi, conversaba con un hombre mucho mayor que ambos. El escenario estaba listo, en cuanto terminara de hablar con él me acercaría, la saludaría, me presentaría, le diría que me había dado cuenta de que tiene unos ojos muy bonitos pues era imposible no darse cuenta cuando los había descubierto mirándome tantas veces en la mañana, ella inclinaría su rostro, se reiría nerviosamente y habría así consumado mi conquista.
El intruso tardó más de una hora robándose conversaciones que por derecho me pertenecían.  Di innumerables vueltas por el recinto, hablé con diversas personalidades, recorrí los jardines, asistí a media conferencia y aún así él no la dejaba en paz. Visité el sanitario y cuando salí por fin estaba sola. Era el momento preciso para coronarse y reclamar la victoria.
Me dirigí hacia ella pero por alguna extraña razón pasé de largo. Estaba ya al otro extremo del pasillo y dije ¡qué rayos! Me regresé y volví a hacer lo mismo, ahora estaba de nuevo en el mismo lado del pasillo. No era posible. No podía estar nervioso. No había razón para estarlo. Había logrado abordar a señoritas con una belleza más impresionante y no había tenido este tipo de complicaciones. Qué rayos me pasaba? La veía desde lejos y seguía sola; sabía que cada segundo que pasaba era una amenaza para que otro intruso terminara con la soledad que yo requería. Fue entonces cuando descubrí cuál era mi problema, no tenía un plan totalmente articulado. Las veces anteriores con las bellezas más prominentes aparecía siempre con un guion cuidadosamente elaborado, palabra por palabra, previendo multitud de situaciones para eliminar riesgos de no saber qué decir y evitar los silencios incómodos.
Escogí el arsenal de palabras adecuado, me abotoné el saco y me dirigí decidido.
Fracasé de nuevo. Y lo peor era que la situación se estaba saliendo de control. Sentía mi ritmo cardiaco acelerado, respiraba con profundidad y lo peor, sentía un indescriptible cosquilleo interno a lo largo de mi brazo derecho. Conocía esa sensación. En muy puntuales y escasas situaciones se había presentado esa sensación y mi memoria me indicaba que eran señales inequívocas de que había sido vencido, derrotado por femininas y memorables bellezas.
No lo podía aceptar. Yo pensaba que era yo quien la atraía, que mi imagen la había seducido, que esas miradas eran una señal de mi triunfo. Descubrí la terrible verdad: todas y cada una de esas miradas habían sido una trampa. Y había caído en cada una de ellas. Lo había logrado, me había capturado, me había vencido y eso era algo que yo y mi orgullo no podíamos tolerar. No me podía ganar, no podía perder, no de esa forma, noo con tan poco; pero ese estúpido cosquilleo no se iba, temía que invadiera mi habla y me hiciera tartamudear o articular mal las palabras. Y sí conseguía su correo electrónico? O su número telefónico a través de un amigo? Después de todo; escribo mejor que lo que hablo, así más tranquilo podría ejecutar mi plan aunque sea a distancia. No! Eso era una forma de disfrazar mi derrota. No podía irme de ese lugar sin hablar directa y personalmente con ella, mis convicciones más personales me obligaban a hacerlo. No podía no hacerlo. Así que me di un golpe en el pecho, desactivé parte de mi razonamiento, templé la mirada y me lancé hacia ella.
                --Hola. Cómo estás? Me llamo X. Muchísimo gusto. Me permites regalarte una tarjeta?
                --Hola. Muchas gracias, qué amable- Dijo ella con una voz tan agradable como su mirada
                --No tienes tú una tarjeta. Donde venga tu teléfono...- Le dije disfrazando el intercambio de números como un intercambio comercial. 
                --No, tarjeta no tengo pero puedes tomar un folleto ahí vienen los teléfonos de la oficina
Mi fracaso estaba consumado.
                --Ah ok muy bien. Y aquí en el folleto viene toda la información de la empresa, verdad?-Qué más le podía decir?
                --Así es o si gustas puedo mandarte la información por correo
Decidí que su correo electrónico sería un buen premio de consolación
                --Sí claro. Te lo agradecería mucho
                --Muy bien- sacó una libreta y una pluma- cuál es tu correo?
                --Eh..en la tarjeta que te acabo de dar (y que estuviste mirando) viene mi correo-- Le dije extrañado por la descuidada pregunta.
                --Oh...es verdad claro- Dijo riendo nerviosamente
                --Perfecto pues espero tu correo. Mucho gusto...María A.?- Dije mirando su gafete. Ella sonrió y dijo:
                --Sí, así es mucho gusto.
Nos dimos la mano y me fui de ahí.

Qué rayos había sido eso? Definitivamente había sido derrotado, dos veces. Mi orgullo había sido herido pero sobre todo mi corazón estaba insatisfecho. Quería volver corriendo  y decirle “me puedes dar tu teléfono, no el de la empresa, el tuyo” y cuando ella me preguntara “para qué?” yo le diría “porque me gustas y quisiera invitarte a salir” Vaya tontería sin sentido. Todo profesionalismo quedaría relegado a cuarto plano, no sé qué impresión tendría de mí si percibía la ansiedad que ella me había originado. En la mañana sentía que era el rey de las miradas y ahora era sólo un tipo ridículo con un saco azul que no había podido hacer un contacto decente.
Ahora la recuerdo constantemente,   he sido vencido, he sido capturado, reviso mi bandeja de correo a cada momento, no eres la única  a la que le he contado esto, me distrae, no me deja tranquilo y cuando pienso en ella hasta parece que siento de nuevo ese cosquilleo.  Creo que si sigo así, muy pronto podré hacer mía la realidad que llevó a aquel poeta a escribir:
 Has cautivado mi corazón,
    tesoro mío, amada mía.
Lo tienes como rehén con una sola mirada de tus ojos.




miércoles, 9 de octubre de 2013

Por qué te escribo

¿Qué por qué te escribo?
No lo sé.
Bueno, parcialmente sí lo sé: porque te vi. Después de un prolongado y extenuante ayuno de tu mirada (exceptuando esos segundos que me obsequiaste esa vez) me permitiste contemplar la estela rutilante que dejas al caminar. Poder contemplarte es una experiencia única e indescriptible.
Tu cabello estaba diferente; recogido sencilla pero soberbiamente ondulado y combinando preciosamente la oscuridad de la noche con el brillo del sol que es tu cara.
Tu cara.
Punto y aparte. Párrafo aparte se merece obra tan maravillosa que nunca el universo volvió a encontrar jamás. Tus cejas perfectas que junto a tus pestañas esbeltas forman un inmejorable marco a esas estrellas enormes, esos abismos gigantes y luminosos que irradian belleza desinteresada para los que te rodean. Esos pequeños cosmos que yo llamo "tus ojos". Jamás poeta alguno podrá siquiera describir la mitad de la belleza de tus hermosos ojos.
Tu nariz coqueta y discret. Que sí la sigo me lleva hasta tus labios soberbios, perfectamente diseñados, finamente trazados. Que ocultan y resguardan esa constelación de perlas níveas que presumes cuando sonríes...¡Oh querida! ¡Vale la pena todo el tiempo sacrificado por unos instantes de tu imagen!
Pero bueno, me es menester dejarte ya que los placeres oníricos me aguardan, placeres que se incrementarían considerablemente sí mis sueños visitaras. Sólo dos veces lo has hecho, no sé sí tú fuiste la que se asomó o fui yo el que te traje con tanto suplicar. Sólo dos veces has aparecido y el patrón ha sido el mismo, el milagro se ha repetido: sonríes y mi realidad se vacía, produces un error en mis procesos lógicos, mi cerebro no puede más y estalla, detiene su ritmo constante para apreciar la belleza de tu sonrisa, suspirar y seguir viviendo, recargado de alegría. Mirífica, eres maravillosa.


Ago. 07

sábado, 28 de septiembre de 2013

Compás forzado

Me es necesario escribir,
me es necesario contar
sobre
la grande, la bella, la guapa
que en multitud de sombras
alumbra mi pesar.

Me es necesario contemplar,
me es necesario admirar
su brillante, su elegante, su flamante
cabello salvaje que cubre
su nuca de beldad.

No puedo sino suspirar,
no quiero dejar de mirar
el valioso, el hermoso, el glorioso
café de sus ojos que en los míos
quisiera atesorar.

La tristeza manda a apagar
y al tedio lo hace callar
su melodiosa, su deliciosa, su fabulosa
voz mágica que transforma charlas
en música sin igual.

Sólo me basta recordar,
sólo basta invocar
la bonita, la exquisita, mi favorita
sonrisa divina para al ver la aurora
querer despertar.
 
Sin embargo,
hay una distancia imposible de franquear
una indolencia difícil de aguantar
que me obliga a iniciar
la hiriente, lacerante, asfixiante
despedida fatal.

Adiós.
Adios querida mía.
Adíos brillante, adiós grande,
adiós valiosa, adiós melodiosa.
Adiós cabello, adiós ojos,
adiós sonrisa, adiós voz.
Adiós ángel, adiós líder, adiós reina.
Adiós talentosa, majestuosa y luminosa
princesa estelar.
Adiós.

Me es necesario soltar,
me es necesario olvidar
a la grande, la bella, la guapa.
Me es imposible reír,
me es necesario llorar pues
a la grande, la bella, la guapa.
no podré dejar de amar.

miércoles, 17 de julio de 2013

Enamórate de una mujer de verdad (yo lo hice de la autora)


No puedo pedirte que te enamores de una mujer que lee, porque ya alguien lo hizo por mí.
Sin embargo, puedo pedirte que te enamores de una mujer de verdad. Enamórate de una mujer que busque “figuritas” en las nubes. Enamórate de una mujer que sea lo suficientemente valiente para decir que tiene miedo pero que siempre ejecute a pesar de él. Enamórate de una mujer que no mate hormiguitas sólo porque puede, enamórate de la que agarra la hormiguita en la uña y la devuelve a su filita. Eso significa que es buena y capaz de apiadarse de los que no tienen las mismas herramientas que ella.
Enamórate de una mujer que no disimule ni esconda lo inteligente que es. Las que se hacen pasar por brutas son mucho más peligrosas que las que asumen con orgullo lo inteligentes que son. Además, ¿por qué quisieras estar con una mujer que se subestima para cazar un tipo? Enamórate de una mujer que sea abrazable, adorable, querible y cogible. Todas son importantes. Enamórate de una mujer que no se maquille mucho. Son honestas y seguras. Las que se maquillan mucho envejecen más rápido. Enamórate de una mujer que sea Team Mafalda y no Team Barbie.
Enamórate de una mujer que le guste comer. La vida es más divertida comiendo pizza que lechuga. Enamórate de una mujer que le guste la música. No importa que no sea la misma que te guste a ti. La música puede unirlos cuando se distancien, curarlos cuando se enfermen y salvarlos cuando se pierdan. Enamórate de una mujer que sepa cocinar, que le guste lavar platos o que tenga real como para comprar un lavaplatos. Trust me on this one.
Enamórate de una mujer que esté más preocupada por los ceros en sus cheques que en los tuyos. Enamórate de una mujer que te quiera porque la haces reír y no porque le compras cosas. Enamórate de una mujer que respire profundo para calmarse cuando te ve. Enamórate de una mujer que no pueda esconder nada. Enamórate de los ojos que la delaten y que te digan lo que necesitas saber. Enamórate de ella porque le brillan los ojos cuando te ve. Eso significa que está enamorada de ti.
Enamórate de una mujer que hable bastante, para que tú no tengas que hacerlo. La parte fácil es tuya: asiente y sonríe como si tuvieras idea de lo que está hablando. Enamórate de una mujer que te escuche con atención. Enamórate de una mujer que te pueda hacer sentir culpable y genuinamente arrepentido de vez en cuando. Que tenga ese poder sobre ti es el mejor antídoto contra la arrogancia y el orgullo. Enamórate de una mujer que no sepa planchar, para que no pierdan ni un solo momento juntos. Enamórate de una mujer que sepa escribir “noticas” de amor. Las “noticas” reviven las mariposas y hasta pueden mandar un bombazo de sangre al…corazón.
Enamórate de una mujer que le guste bailar. Recuerda que bailar es la expresión vertical de un deseo horizontal. Enamórate de una mujer que piense en otras cosas, que haga otras cosas y que piense en otras personas diferentes a ti. Enamórate de una mujer con hobbies, con intereses, con pasiones. Que no seas sólo tú, para que no te asfixie. Enamórate de una mujer que sepa que el amor tiene que ser libre. El amor obligatorio sólo le hace daño a los involucrados.
Enamórate de una mujer que ame y deje amar. Que sea y deje ser. Enamórate de mí o de alguien como yo, para que no me duela tanto.

domingo, 17 de febrero de 2013

Flor lejana




Cubierto con esperanza

Duermo sobre mis sueños

Pues mi heroica cruzada

No fue lo que creí



O tal vez sí pues ¿quién puede decir dónde el rayo va a caer?

Espero a oír tu dulce y limpia voz



Niña, mi flor lejana

¿Bailas en la tempestad?

¿Me escuchas? Siempre canto para ti

Muy pronto mi niña, cuando ya no pueda más

Sé que un día tu belleza me sorprenderá



Mi corazón inquieto sueña

Con el momento en que seré

Completo en tu mirada

Mientras es un misterio



O tal vez no pues ¿quién puede saber hacia dónde el viento volará?

Espero oler tu perfume encantador



Niña, mi flor lejana

¿Brillas en la soledad?

¿Me observas? Siempre pinto para ti

Muy pronto mi niña, cuando ya no pueda más

Sé que un día tu belleza me sorprenderá





Dos-vi-das-un-co-ra-zón

Tú-en-mí-y-yo-en-ti

Los-dos-jun-tos-por-siem-pre

Te-doy-to-do-lo-que-soy

Quie-ro-pue-das-en-ten-der

So-mos-tú-y-yo-por-siem-pre



Niña, mi flor lejana

¿Brincas sobre la maldad?

¿Me lees? Siempre escribo para ti

Muy pronto mi niña, cuando ya no pueda más

Sé que un día tu belleza me sorprenderá





viernes, 28 de diciembre de 2012

La corrupción de lo hermoso

Ángeles revoloteaban sobre aquellos dos. Aunque separados, los unía en sus corazones la confianza irremplazable, inconmovible e indescriptible de saberse y sentirse amados, uno por el otro respectivamente. Las bondades del amor verdadero los perseguían, las virtudes del sacrificio de priorizar la existencia de otro por encima de la suya les bendecían y les hacían ser felices siempre. 
Pero todo cambió (o dejaron que cambiara).
Se ha dicho siempre que lo simple es hermoso, por lo que, cuando aparece la complejidad la fealdad también se hace presente y lamentablemente el amor cromado que hacía posible la relación de Kiyoaki y Satoko comenzó a ser complicado. Y cuando las complicaciones se apilan y son algo así como cinco o más la debacle es casi inminente.
Injusto sería hacer partícipe de este desgarre emocional a la distancia pues al principio y en varias ocasiones su ubicación geográfica ya había sido distinta y habían hecho realidad aquel adagio occidental que dice que "la distancia es al amor como el viento al fuego, extingue el superfluo pero aviva el intenso"; no, lamentablemente así como su romance fue construído sólo por ellos dos, la culpa de la derrota también se repartía en partes iguales. En cuanto se separaron en Tokio la degradacion comenzó. 
Al pertenecer ambos a cierto círculo (o polígono) social era obvio que hubiera multiples relaciones en común con conocidos y amigos de ambos, y lamentablemente a través de este medio consistente en terceras personas Kiyoaki se enteró de la interacción que hubo entre Toru y Satoko justo al otro día que el partió hacia Shiso. Interacción fortuita y por demás mínima pero que sirvio como válvula de escape para todo lo que se ocultaba bajo las caricias y las palabras dulces de ambos. Satoko sabía que si había una persona que era considerada non grata para Kiyoaki era precisamente Toru (ese muchacho alto, delgado, fornido de piel blanquísima y cabello negrísimo) por aquellos episodios que tuvo que ver con él en el internado hace algunos años, ella lo sabía pero ansiaba dentro de sí que Kiyoaki se lo expresara directamente que le dijera "ese tipo me cae mal" y sentirse celada, sentirse propiedad de alguien, sentirse capaz de nublar el racioinio de un hombre y provocar sentimientos malsanos por un amente anterior, Satoko anhelaba eso pero Kiyoaki trataba de no ser fiel a sus propios ideales anticuados (así los llamaba Satoko) y pretendía ser un compañero sentimental moderno que no daba pie a conceptos tan en desuso como los celos. Kiyoaki soñaba despierto con traspasar a Toru con una katana (objeto también antiguo) cada vez que su memoria (o Satoko muy adrede) lo resucitaba. Pero queriendo simpatizar con la moderna Satoko ocultaba su verdadero resentimiento en un esfuerzo de agradarle más a ella y conformarse a su personalidad. Pero esa vez fue demasiado y el completamente aleatorio encuentro de Toru con Satoko en la casa de los tallarines flotantes y compartir con él el brunch (un amigo en común que salía de ahí en ese instante los vio y le comentó a Kiyoaki) fue la aguja que reventó el frágil globo de la farsa de Kiyoaki que contenía ira y resentimientos, y con tanta presión Kiyoaki se exasperó y su imaginación se embotó y se creyó sus propias mentiras al extrapolar los hechos e inventando pérfidas historias infieles e inexistentes. Pobre Kiyo, debió de haber hablado directamente con su querida Satoko hace tiempo y no hasta ahora con una pantalla y lejos de ella. Satoko aunque en la pantalla se oía y se veía molesta por dentro era inmensamente feliz, se regodeaba al ver la cara furibunda de su amado y se jactaba de su victoria diciéndose a sí misma "yo sabía que estaba celoso", pero sin saberlo (como casi siempre) Satoko se estaba metiendo en terrenos complejos, terrenos donde habitaba la maldita confusión y mientras estaba discutiendo con el joven del kimono en su pantalla se le ocurrió que esta sería una excelente oportunidad para "darse un tiempo" y descansar un poco de su anticuada pareja y sus gustos estrafalarios porque de ese mismo crimen era culpable la bella Satoko: tampoco había sido del todo sincera, pues internamente no compartía los ideales del siglo pasado que Kiyoaki enarbolaba casi a diario. De repente se le había hecho lindo haber encontrado a un hombre que hablara de modales, caballerosidad y conceptos tan ambiguos hoy en día y como toda novedad y rareza tienen un brillo inicial fue atractivo para Satoko pero esto resultaba ser algo muy alejado  de una compartición de ideales, en su interior Satoko pensaba que Kiyoaki estaba loco pero no le comentó nada nunca porque...¿para qué hacerlo? Además, ¿que no era obvio que ella no creía en nada de lo que Kiyoaki siempre peroraba? ¿Que Kiyoaki no se había dado cuenta de que ella no compartía sus ideas raras? además si él lo sabía (según Satoko) y no había dicho nada hasta entonces ¿No podía Satoko dar por entendido que él no tenía problema en que ella no creyera ni un ápice de lo que él creía? Aparte ya había sido mucho tiempo y muchas las ocasiones en que Kiyoaki se había convertido en una molestia y un obstáculo para sus múltiples eventos sociales con sus amigas hijas de los amigos de su padre. Ya se había cansado de que Kiyoaki aprovechara cada momento para expresar su "condena para con el estilo de vida de la juventud del Japón del 2050", ya había sido demasiado. ¿Lo quería? Claro que lo quería, ni siquiera ella sabía cuánto lo quería pero en ese entonces no lo sabía no quería saberlo y se decidió a comunicarle con tres frases y un meneo de cabellera que su relación había terminado. Porque Satoko pensaba que tenía que seguir con el guión socialmente establecido en el que ella como mujer esplendorosa debía hacerse respetar y abandonar a ese maniático celotípico, además ¡Ya iban dos veces segidas que la dejaba plantada en el último mes! Esto definitvamente tenía que terminar. (Hasta esa excusa hubiera sido mejor pues otra razón se asomaba tímidamente dentro del corazón de  Satoko y era que ella misma no se creía capaz de poder despertar en un hombre como Kiyoaki un sentimiento tan profundo y genuino) Desafortunadamente Kiyoaki había escuchado un discurso similar en el cual se le invitaba de la manera más atenta a abandonar a esa insensible y soberbia arpia que sólo pensaba en sí misma y hacerse respetar y valer como el hombre que era.   
"Ya tuvo su oportunidad" se decía Satoko, "No es justo que me esté desgastando así" se decía Kiyoaki. "Soy muy joven y muy bella para estar con ese tipo", "Es muy hueca y superficial, no creo que me entienda",  "Estoy hart@, no puedo más" y demás mentiras baratas y repetitivas se regalaban a sí mismos.
Pero a pesar de todos estos demonios alados (pues se mueven con rapidez) su amor aunque dañado seguía vivo, el golpe definitivo y funesto fue cuando se abandonaron a su mediocridad y ambos bajaron los brazos al mismo tiempo. Obviamente había habido peleas y discusiones con anterioridad pero siempre uno era más fuerte que el otro, se permitía cargar con más dolor y menos orgullo y hacía las gestiones necesarias para salvar la relación y el otro no tenía opción mas que acceder embelesado por el espectáculo de amor rutilante que el otro le había obsequiado. Pero esta vez ambos fueron engañados mutuamente, uno por el otro, y decidieron abandonar la paciencia y abrazar la valentía de recuperar su soledad y cometer el crimen más humano y más mortal de todos: mentirse a sí mismos. Mentirse y no ser sinceros consigo mismos, engañarse los dos pensando que sus diferencias, vicios y defectos eran más grande que su amor pero no era así, su amor lo podía vencer todo. El verdadero amor siempre puede.
Y en el momento en que ella decidió irse y él no volver para buscarla los ángeles que les acompañaban (a veces para cuidarlos y a veces para divertirse) murieron ofuscados ante la avalancha de maldad que entró cuando la fortaleza de su amor fue derrumbada por completo.
Cuando ambos resolvieron eso el sol se enfureció por la estulticia de estos dos jóvenes que lanzó furibundo un rugido flamífero de ondas  magnéticas y eléctricas que con el tiempo arrasaría a todos los archipiéagos del pacífico. Sería así como moriria el último amor sincero del Japón y con él toda la nación. El sol estalló y después la nieve llegó.